miércoles, 2 de febrero de 2011

A continuación, sacrificaremos un pollo en el altar

La conciencia de la colectividad, articulada años atrás por medio del trabajo y la pertenencia a una clase, ha sido suplantada por un escenario de inseguridades y desconfianzas. En este universo líquido, dominado por la insatisfacción permanente -ya que es imposible acceder a todos los placeres presentados en el escaparate- la fragmentación y la duda han ganado espacio a la razón práctica. Este terreno, el Capitalismo 3.0, que ataca a la construcción de las emociones y las conexiones neuronales, es el espacio, lleno de trampas, que habitamos. 

No falla la teoría, fallan las personas. Peor aún: sus neuronas.

En una sociedad que ha perdido la capacidad de escuchar, no parece lógico seguir hablando. Es la acción lo que puede constituir un nuevo discurso ético. Una acción sostenida en diferentes frentes (desde las propuestas por una nueva República hasta la negación de los intercambios materiales en régimen desigualdad) que impulsen una democracia participativa, un espacio de entendimiento entre los ciudadanos.

Hablar está pasado de moda. Creer, obedecer, combatir.

Ser de izquierdas es participar del ser-común. Fuera de ese contexto creativo de comunidad, fuera de lo que nos une como seres humanos, separados de nuestras aspiraciones y anhelos comunes, las reivindicaciones quedarán como gritos ahogados en una botella. En medio de ninguna parte. 

Ser de izquierdas nos une como seres humanos y nos hace partícipes del ser-común.

María Toledano en botellon.org

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